Ir al contenido principal

Un canto para los cantores




Un cantor armado con su instrumento, de pie ante el mundo, es uno de los actos más heroicos que pueda registrarse. Dejo esto asentado pues siempre he creído, aunque suene muy rosa, que los cantores redimen a la humanidad. 


Daniel Nava

Unos terminan en plazas, en parques… y sin embargo, estos aparentes perdedores reivindican la belleza. Otros, se encumbran, son aclamados e inclusive, llegan a ser entes representativos de su época. Pero este canto va dedicado al cantor anónimo y al reconocido, no deja a ninguno afuera.  
Pensemos un momento en la divina locura de John Lennon…Lennon imaginó que todo el mundo podía compartir el mundo. Pensemos un momento en Víctor Jara insuflando vida hasta en las cosas yermas. Pensemos en Simón Díaz venerando la tonada. 
Conmueve la fuerza frágil de un hombre que canta, pues esa armonía, esa voz, puede trascender las barreras del espacio y del tiempo. Los tiranos pese al poder político, económico y militar desaparecen en un instante. Pero un cantor, como dice una afamada copla, ni muerto se calla. 
Quién puede decir que Facundo Cabral está muerto, quién puede decir que Bob Dylan morirá. Muchos omiten esta fuerza, de hecho, no la conocen y aunque puedan vivir sin poesía no necesariamente están vivos. La vida está en la firmeza de los hombres que, cual profetas, traen la buena nueva.
Por ello este canto es para ti, para aquel, y para todo el que se anime. 

Francisco José Aguiar

Comentarios

Entradas populares de este blog

El niño que venció al coronavirus

Luisana Pérez Miguel – mientras titilaba por la fiebre – pensaba sobre lo duro que es luchar contra un monstruo invisible. En su delirio golpeaba el aire con la intención de vencer al virus que lo mantenía en una habitación llena de máquinas ruidosas… golpeaba el aire frenéticamente hasta quedarse rendido.  Cuando volvía en sí miraba con recelo a los doctores y enfermeras que, por su aspecto, parecían astronautas y preguntaba por su mamá. A lo que le respondían: “Por tu condición no puede estar aquí. Pero a las tres de la tarde te hará una vídeo llamada”.  En la clínica se enteró de la muerte de muchos familiares y conocidos, así que en su mente se fijó una idea: inventar un aparato que hiciera visible al enemigo que asolaba a sus seres queridos para vencerlo.  Cuando lo dieron de alta Miguel se metió en su laboratorio y al cabo de unos meses – después del obstinado ensayo y error – inventó unos lentes que hacían visible al monstruo que casi le quit...

Estos monstruos de la razón

Estos monstruos de la razón     N ova Cae la tarde y me pongo a pensar en la lucha existente entre la religión y la ciencia. Por un lado están los que desdeñan la teoría evolucionista de Charles Darwin, por el otro, los amantes de la lógica pura, es decir, los que piensan que todo es matematizable. No entienden o no se dan cuenta que son dos aspectos de un mismo fenómeno y en cuanto a la supuesta irreconciabilidad debo enfatizar: sólo es una lucha de poder.           Un dirigente religioso que en sus discursos censura a Darwin, a Aristóteles, a Einstein, es decir, a la ciencia. No debería usar teléfonos celulares, ni automóviles, ni el confort de una casa convenientemente amoblada. Un científico que en sus tratados censura al espíritu no debería enamorarse. Algo imposible pues hasta el científico más recalcitrante se enamora.           A los cristianos les enseñan que...

Malquerencia

Y por más que se le desgañite el corazón, si es que el corazón se puede desgañitar, enmudecer de tanto gritar, de inquietarse a todas horas, no se puede hacer nada si ese alguien a quien van remitidas tales señales de afecto permanece inmutable. Luisana Pérez  Ella, Gladymar, no escucha. Bueno, escucha pero se hace la desentendida. Ya le hemos dicho a Javier que no gaste pólvora en zamuro, pero él sigue haciendo malabares para captar su atención. Hasta se ha metido en cuentas enormes para comprarle regalos costosos. La sortija de oro que le regaló la dejó ahí, ahí en el mostrador. Coño, entiende, nunca te ha querido y nunca te querrá. Asiente con la cabeza, enarca las cejas pobladas que se gasta, y me habla con esa voz lacerada que alguna vez tuve. ¿Por qué no te vas por un tiempo? No hay lumbre que dure hasta la eternidad. Acepta esta plata, paga tus deudas y vete. Pero ni acepta la plata ni me escucha. Juega con la sortija, la hace girar. Lo miro como viéndome a mí mi...