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El encanto de una tarde




Si debo elegir una tarde de las que compartí con quienes hacíamos vida en la UNELLEZ – San Carlos, elegiré la del viernes 28 de mayo de 2010. En esa época éramos estudiantes de 3er. semestre de Educación Mención Castellano y Literatura y en el Salón de Usos Múltiples fuimos participes del VII Festival Mundial de Poesía. 
Todo empezó a las 2:30 p.m. con unas dinámicas previstas para tan importante acontecimiento – una de ellas fue un ciclo de adivinanzas relacionadas con el libro –. Pasadas las dinámicas llegó al recinto el profesor Isaías Medina con los poetas Bill Herbert (Escocia) y Pablo Menacho (Panamá).  
Como buen anfitrión presentó a los invitados internacionales y de forma pedagógica refirió que el VII Festival Mundial de Poesía se pensó para celebrar el Bicentenario de nuestra Independencia y para homenajear al escritor santaluciano Derek Walcott  ̶  ganador del premio Nobel de Literatura (1992)  ̶  y con su afecto característico nos invitó a comenzar el recital que teníamos preparado.


De izquierda a derecha los poetas Pablo Menacho, Bill Herbert y Mermin Valiente. 


En dicho recital participó Deissy Silva, Kelbisarel Roman, Meralis Carrillo, Mermin Valiente y mi persona, pero fue el poeta Mermin Valiente quien deleitó a los presentes con un soneto de su autoría titulado “Es la vida”. Concluidas nuestras lecturas le obsequiamos a los presentes el libro del filósofo venezolano José Manuel Briceño Guerrero que se titula  La casa del verbo, varios de los números de la revista Memoralia y le cedimos la palabra a Pablo Menacho. 
Menacho habló de su trayectoria literaria y del amor que siente por el Canal de Panamá: amor que se dejó entrever en el poema titulado “La sola mar” y en varios de los poemas que describen magistralmente la provincia de Herrera. Luego comenzó una ronda de preguntas y respuestas relacionadas con la literatura panameña, sobre su mundo editorial y sobre las luchas que ha tenido que realizar por décadas esa nación para tener el control del Canal que sirve para la navegación interoceánica. 
Cuando llegó el turno de Bill Herbert la barrera del idioma se solventó gracias a una traductora joven y bonita llamada Argelia. . . el apellido de la traductora nunca lo supimos pues cuando iba a dar su apellido el profesor Isaías Medina dijo: “Ahora si es verdad que en esta universidad somos internacionales. . . tenemos a Escocia, a Panamá (con ademán cómico) y a Argelia”. 
Herbert leyó un poema extenso donde describió de forma detallada las colinas de su Dundee natal y reseñó su vida artística. Llegada la ocasión Jesús Alvizu le preguntó por William Wallace y por las luchas que ha librado el pueblo escocés para obtener su independencia y Sasha Moncada que si permitiría una compilación de sus textos con trovadores latinoamericanos. 
El invitado respondió sus inquietudes y habló de un poema sobre el bien y el mal que habitúa declamar en Escocia a modo de contrapunteo, (donde a veces hace del maligno y a veces del juglar que lleva la antorcha del bien) y quiso saber que si aquí existía un poema similar. 
Para satisfacer esa curiosidad, el profesor Isaías Medina hizo una disertación del afamado poema de Alberto Arvelo Torrealba que narra la gesta de Florentino y el Diablo de manera formidable. Cuando terminó dicha disertación el reloj marcaba las 5:00 p.m., esta hora anunciaba el fin del Festival en nuestra casa de estudio y sellaba para siempre el encanto de una tarde.  


Francisco José Aguiar 



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